EL ANIMAL (cuento)
Jueves, 10 de Diciembre de 2009 19:12
Allí estaba, detrás de los barrotes de la jaula geocontrolable, hacinado en un rincón, relamiéndose las uñas de una de sus extremidades superiores, a la vez que con la otra se acariciaba el resto del cuerpo, repitiendo dos o tres gemidos similares a una risa o a un gesto humano de sorpresa, sus extremidades habían perdido muchas de sus funciones, y su cerebro –aunque según la anatomía de “el animal” era capaz de autoconciencia - se había concesionado lo suficiente para ser un buen producto en el mercado.
“Fueron muchos los esfuerzos para logar domesticarlo, pero lo logramos”, comentó el dueño de la transnacional y el líder de la unión global de “Neoganaderos”, frase acentuada lo suficiente para ganar la atención de los congresistas, “aún las mejores herramientas de la tecnología tuvieron que pasar la prueba de la paciencia, pero… ¡Roma no se hizo en un día! -sonrió, a la vez que hacia señas para que iniciara la transición de las diapositivas-.
En ese momento, el animal dio un giro y fijó su vista en la pantalla desplegable del auditorio, sus ojos se mantuvieron fijos, su postura antes inquieta, ahora estaba inmóvil y expectante. El orador continuó: “Al inicio del proyecto no nos imaginábamos que la especie pudiera domesticarse, era demasiado salvaje, y testaruda, además, el carácter variaba de individuo en individuo, ese fue el primer reto a superar, teníamos que lograr una uniformidad en la especie para poder controlar el proceso de domesticación, “no fue una tarea fácil”, pero descubrimos en ellos una capacidad especial para seguir modelos; los estudios de las manadas nos decían que solían seguir líderes en la especie; así que lo primero que hicimos fue eliminar esos modelos y suplirlos por “modelos predeterminados”. Para eso, tomamos a los individuos que cumplían con las características que necesitábamos y a fuerza de repeticiones los habituamos a seguirlos – uno de los asistentes levantando la mano exclamó “Y Pablov tenía razón”- el expositor, apuntando hacia el joven interlocutor continuó: No del todo, esta especie es especial, no sabíamos como ni por qué sólo los seguían por un momento. Al poco tiempo de entre el mismo grupo surgía un nuevo líder que desviaba la atención de nuestros intereses, y no importaba cuantas veces los apartáramos de la población, siempre surgía otro, -cambió la diapositiva en la pantalla- fue entonces cuando decidimos incluir en el equipo de investigadores a otros especialistas que analizaran ese comportamiento, sus aportaciones fueron novedosas para nosotros, la especie poseía “libertad individual”, es decir, a pesar que la necesidad de líderes en la especie, cada individuo era capaz de elegirlo. Allí estaba una de las soluciones: “suprimir su libertad”, pero ¿cómo hacerlo?
Vino entonces la explicación del especialista, quien retomó la conferencia, para que haya libertad son necesarias dos tendencias equilibradas: una hacia el deseo y otra hacia lo que la especie tiene identificado como símbolo trascendental -la especie no consideraba como lo mejor nuestro interés por domesticarla, lo cual representaba un gran problema, era un animal simbólico-.
Uno de los participantes preguntó: ¿esa capacidad es parte del instinto? -Sólo en parte -respondió el especialista- hemos descubierto que hay un tipo de trasmisión del concepto distinta a los que sucede con otras especies aquí, los individuos más ancianos de la manada se encargan de fortalecer lo que ya viene en el instinto.,
El Conferencista retomó su participación: la solución se planteaba simple, “si fortalecemos sus impulsos hacia el deseo desestabilizamos su libertad”, el otro elemento también es importante, es un “animal simbólico”; por lo tanto hay que suplir sus símbolos trascendentales, no es necesario quitarlos, sólo hay que disfrazarlos, o bien, desviar su atención de ellos. El recurso del deseo es muy poderoso y en la medida que se trabajen ambos verán que la domesticación será posible. A alguien se le ocurrió introducir un nuevo elemento, separar a los individuos más ancianos de los jóvenes de las especie, para que no siguieran trasmitiendo los símbolos trascendentales; así lo hicimos, y gracias a ello y a las aportaciones de las “agencias de socialización” que implementamos en las manadas fue posible iniciar la domesticación.
Las diapositivas continuaban corriendo y manteniendo fija la atención de “El Animal” y de los asistentes. El especialista comentó emocionado: allí fue donde comenzamos a tener éxito, la manada entera careció de lideres, suplimos sus símbolos por otros a partir de los cuales pudiéramos educarlos, su tendencia al deseo fue en crecimiento hasta el grado de obedecer cualquier orden que se les diera a través de las agencias de socialización, que habían identificado como “naturales” entre ellos.
Habló ahora el carismático expositor: y por fin, después de años de investigación, la ciencia y la tecnología al servicio de la domesticación de la especie más salvaje que ha poblado la tierra, ahora nos permite una sumisión tal que pueden comercializarse sin problemas. Y son útiles en todas las labores que se les quiera confiar. Tenemos, incluso, centros de entrenamiento por toda al aldea Global; si determinada empresa necesita algunos con características especiales, puede solicitarlo y dar las especificaciones a los centros de entrenamiento, y se les fabrican a la medida, y por la escasez no hay que preocuparse, desde que se implementó la teoría del deseo, se reproducen por millares, aunque ya tenemos métodos de control de la población y su uso se promueve a través de las agencias de socialización. ¡El animal ya está domesticado, y su comercialización va viento en popa! – exclamó triunfante seguido de un sonoro aplauso de los congresistas.
De nuevo levantó la mano uno de los más jóvenes asistentes a la presentación y pregunto: disculpe, sólo para reafirmar algunos conceptos, ¿podría sintetizar el proceso de domesticación? Respondió: por supuesto, y esta vez seré mas claro por si hubo alguna duda:
· Primero: uniformidad en los individuos, les impusimos modelos a seguir.
· Segundo: eliminación o desprestigio de sus líderes, sobre todo morales y religiosos para que dejaran de seguirlos (siempre fueron molestos para el sistema).
· Tercero: suprimir su voluntad fomentando su tendencia al placer sobre todo sexual; un ser sin voluntad es fácil de manipular.
· Cuarto: Disgregar a los ancianos para que no trasmitieran la “identidad libre” de la especie, sólo fue cuestión de promover la comodidad de vivir sin ellos, e instalar asilos y casas de retiro, ellos mismos se deshacían de tan desagradables individuos y los suplían voluntariamente por las “agencias de socialización” como: televisión, radio, medios electrónicos y una reformulación de los centros de entrenamiento primario para los cachorros y secundario para los púberes. Modificamos estos centros hasta poder controlar el comportamiento, además de la implantación de otras nuevas agencias a donde concurrían por su propia cuenta pero que formaban parte del sistema de domesticación
· Quinto: convertir las universidades en centros de domesticación, donde se convirtieran en buenas herramientas de trabajo sin necesidad de un pensamiento libre.
Y listo, ya en este momento hay millones de la especie realizando labores para las que fueron entrenados.
Terminada su exposición exclamó: y ahora sí, lo que tanto comenté lo respaldo con una demostración, retiraremos la celda geocontrolable así como el collarín y verán como “el animal”, por más libre que esté no se moverá fuera del espacio que entiende como su zona de seguridad. En ese momento fue levantada la parte superior de la jaula de donde pendían los barrotes, el expositor acaricio la espalda de “el animal” mientras quitaba el collarín, uno a uno fueron acercándose los asistentes para mirar de cerca a “el animal”, hasta que sonó el timbre que anunciaba el termino de la sesión, y en ese mismo instante, “el animal” junto con todos los asistentes se dirigieron “cada uno” a su respectiva “celda geocontrolable”, mientras el expositor se desplazaba con torpeza relamiéndose las uñas de una de sus extremidades superiores a la vez que con la otra se acariciaba el resto del cuerpo, repitiendo dos o tres gemidos similares a una risa o a un gesto humano de sorpresa…
Jesús Abraham Miramontes

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