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Mónica Arroyo nació el 22 de octubre de 1969 en
Guadalajara, Jalisco, México. Comenzó a cantar en el coro
de su parroquia a los 13 años, por supuesto que no tenía
ni idea de qué era lo que hacía realmente; le gustaba
cantar y ese le parecía un excelente lugar para hacerlo.
Después de 4 años decidió dejarlo.
Nunca la pudo pescar algún grupo juvenil aunque le
persiguieron de cerca. Se dedicó a sus estudios, y se
alejó un poco de la Iglesia.
A los 19 años, por accidente, se integró a un grupo
versátil como cantante, al mismo tiempo que cursaba la
carrera de turismo. Años más tarde terminó su carrera,
misma que ejerció por tres años. A pesar de que el turismo
le gustaba mucho, se dio cuenta de que cantar era más
importante. Y así continuó en el grupo hasta que comenzó a
tener la sensación de que al final de cada evento no le
quedaba nada. Las letras de las canciones le parecían
vacías, le daba flojera hasta arreglarse y tener que
sonreír toda la noche. Algo tenía que cambiar. Comenzó a
hacer coros en los discos de Martín Valverde a finales de
1996, y también con los Misioneros del Espíritu Santo.
También hacía comerciales para radio y uno que otro coro
en la música secular. En 1998, Martín Valverde le invitó a
integrarse a la banda. Accedió y estuvo en ella
aproximadamente seis meses. Por cuestiones de maternidad
esta etapa terminó rápido.
Su relación con Dios era cordial, aunque muy renuente de
su parte. Fue en marzo del 2001 cuando se integró de nuevo
a la banda de Martín y esta vez no tuvo escapatoria. Dios
la agarró con mucha fuerza y no le quedó otra más que
encontrarse con El y mirarlo de frente para sólo decirle:
tú ganas. Descubrió que cantar para Dios era realmente
fascinante. Sólo lo puede comparar con la ternura y
satisfacción que le dan sus dos hijas.
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